PORQUÉ SOMOS TAN INFELICES

¿Por qué somos tan infelices? Porque no todo sucede como queremos. Porque tenemos miedo de hacer las cosas que no queremos hacer, pero que tenemos que hacer. Y no podemos hacer muchas cosas que queremos hacer. Todo esto se reduce al hecho de que creemos que somos una persona con deseos que están en conflicto con nuestras circunstancias y nuestras responsabilidades. En otras palabras, nuestra ‘voluntad’ no siempre está en línea con lo que está ocurriendo o lo que se debe hacer. Una comprensión de lo-que-somos y de lo que es la mente puede liberarnos de este falso sentido de volición y eliminar la carga de nuestras responsabilidades. Entonces, realmente seremos felices. ¡Sin ni siquiera intentarlo!

1. Usted no es la mente.

Se nos ha enseñado que la mente somos nosotros mismos, el pensamiento.

No podemos ser la mente porque nosotros somos lo que percibe la mente. ¡Compruébelo por sí mismo ahora! Usted ve los pensamientos desde un nivel superior (previo). No podemos percibirnos a nosotros mismos al igual que nuestro ojo no puede verse a sí mismo porque es lo que está viendo. La mente no puede ser nosotros mismos. El maestro chino Ch’an Hsi Yun (Huang Po) dijo: “Una percepción no puede percibir.” Por lo tanto, ¿es usted las percepciones (pensamientos y sentimientos), o lo que los está percibiendo?

Nosotros sentimos que somos la mente debido a la forma en que la propia mente funciona. La mente comprende las cosas comparando las percepciones y creando conceptos objetivos de ellas de modo que pueda comparar un concepto con otro. Esto es conocimiento. Naturalmente, pronto crea un concepto de sí misma, el ‘yo’, y el problema comienza. Así, la mente asocia el sentido del ‘yo’ con su funcionamiento y con el cuerpo y nosotros creemos y sentimos que somos una entidad individual, que piensa y actúa. Este es el origen de todo nuestro sufrimiento. Una vez que creemos que somos un individuo comenzamos a ver y a evaluar todo lo que se refiere a nosotros como un individuo. Nos convertimos en una cosa en un universo de cosas. Un muy pequeño, vulnerable, pero sumamente importante (al menos para nosotros) individuo, en un vasto, infinito, aparentemente sin propósito, e insensible cosmos. Perdemos nuestro verdadero sentido de identidad original con el Absoluto.

2. La mente actúa por su cuenta

Vigilando nuestros pensamientos durante un período de tiempo, podemos ver que la mente funciona literalmente ‘por sí misma’. Los pensamientos ‘simplemente aparecen’ y siguen apareciendo automáticamente. Nosotros tenemos la sensación de que soy ‘yo’ quien está pensando, pero esto no es más que un reflejo condicionado causado por el concepto de que somos individuos. Observando los pensamientos podemos ver cómo aparecen de forma inesperada, sin ser llamados. Sólo trate de no pensar aunque sea por unos pocos segundos y vea que es imposible. Ningún ‘yo’ los controla. Podemos tener la ilusión de que hay un propósito para un tema en particular, pero observe que la idea de pensar en un propósito viene por sí misma. Entonces lo hacemos, automáticamente, pero con la falsa sensación de que somos el “decididor”. Esa sensación de ser el ‘decididor’ no somos nosotros, pertenece a la mente. Es algo que percibimos.

Esto no se comprueba en sólo unos minutos observando los pensamientos. A menudo lleva muchos meses de diligente observación para verlo realmente y estar convencido. Esto se debe a que la sensación condicionada de ser el ‘pensador’ es tan profunda que la mera idea de que la mente va por su cuenta parece ridícula. Pero el beneficio de este solo descubrimiento es enorme en términos de liberación y comprensión más profunda de nosotros mismos y del universo.

La propia idea de que la mente funciona por sí misma es inaceptable para la mayoría de la gente porque parece suprimir el control de la mente del individuo y permitir que el individuo deje de aceptar la responsabilidad de sus actos. Entonces harán todas las cosas ‘malas’ que quieran. Esta es una razón válida desde el punto de vista de un ‘individuo’. En realidad, puesto que la mente se concibe a sí misma como un individuo, utiliza este miedo de lastimarse a sí misma o de premiarse a sí misma como una forma de inhibición para evitar hacer cosas que serían ‘incorrectas’ (en última instancia perjudiciales para ella o para la imagen que tiene de sí misma). Sin embargo, esta no es usted, es la mente regulándose a sí misma. De aquí es de donde vienen los sentimientos de esclavitud y frustración. Puesto que la mente se concibe a sí misma como un individuo, acumula necesidades y deseos contradictorios. El propósito no es solo liberar las inhibiciones que nos mantienen bajo control, sino disolver la ilusión de la mente que se ve a sí misma como un individuo que controla la mente y se identifica con ella. ¡Esa determinación, al mismo tiempo empieza a disolver las inhibiciones, así como la necesidad de ellas, porque los conflictos entre necesidades y deseos desaparecen con el yo ilusorio!

3. Usted no es el hacedor.

¡Usted nunca ha hecho nada! Puesto que la mente se ha concebido a sí misma como un individuo también se concibe a sí misma como el Pensador y también el ‘Actor’ o ‘Hacedor’. Sin embargo, no es nadie. La mente no es una ‘cosa’ o entidad, sino un proceso. El proceso del pensamiento. Simplemente un proceso que está ocurriendo automáticamente, el mismo que hace que el corazón esté latiendo automáticamente. Esta es la razón por la que no podemos vivir la vida perfecta, aunque nos hayan enseñado cómo debe actuar una ‘buena’ persona. Sabemos que no deberíamos enojarnos con nuestro cónyuge o nuestros hijos a los que amamos, pero a pesar de nuestra mayor determinación, lo hacemos. ¿Por qué? Porque no somos el pensador de nuestros pensamientos ni el hacedor de nuestras acciones. Porque ellos no son nuestros pensamientos o nuestras acciones. Ni siquiera somos el experimentador de la experiencia. ¿Qué somos? Somos lo que percibe la mente y eso no es nadie.

Somos lo que percibe la acción, pero no somos el hacedor. Nunca lo fuimos. Nunca hemos hecho cosas malas y nunca hemos hecho cosas buenas. Los pensamientos son afectados por el medio ambiente (como este artículo), los hábitos y tendencias internas, y por el concepto mental de un ‘yo’, pero no por un ‘yo’ real. Somos incapaces de interferir con la mente. ¿Por qué? Porque no hay nadie que interfiera. No somos nadie. Por lo tanto, no podemos tener ninguna voluntad en absoluto. El concepto de ser un individuo es un invento de la propia mente. Es un artefacto de la forma en que la mente funciona. La sensación de volición es una ilusión generada por este concepto del ‘yo’.

No podemos encontrar nunca nuestra propia voluntad (volición) en ninguna acción. Todas las llamadas acciones son en realidad una reacción automática de la mente acompañada de una sensación de volición. ¡No soy ‘yo’, es la mente actuando automáticamente por su cuenta! Simplemente observa la mente. Sé consciente de ella. Eso es todo lo que se puede hacer porque eso es todo lo que estamos haciendo ahora mismo. Eso es todo lo que siempre hacemos. Eso es todo lo que siempre hemos hecho. Es la mente la que piensa y siente de otra manera y nosotros somos lo que es consciente de lo que la mente piensa y siente. Nosotros estamos perfectamente abiertos, vacíos y calmados. No estamos en el espacio o el tiempo. Nunca podremos ser afectados en modo alguno. No tenemos necesidades o deseos de ningún tipo. Nosotros sólo brillamos relucientemente, sin esfuerzo.

Somos lo que percibe lo que está apareciendo. De hecho, es debido a esta percepción que todo aparece en absoluto. Lo que somos es la seidad de lo que aparece. La esdad, o la soydad, si lo prefiere, de la sensación misma de “yo soy”. Otra forma de decirlo es que somos la Conciencia en la cual todo aparece (el aquí-ahora, el sentido de presencia, consciencia). Observe que simple y solamente somos la conciencia de la mente mientras esta actúa por su cuenta. Toda sensación y sentimiento le pertenece a ella, a la manifestación… no a nosotros mismos. Con todo lo que aparece de cualquier forma, podemos decir ‘Yo no, yo no’.

Somos el Observador, no el pensador, o el hacedor, o el experimentador.

Una vez que esto está profunda y completamente comprendido, la mente puede abandonar su sentido de volición y su sentido de ser un individuo, relajarse y ser simplemente conocimiento. Todo sucede por sí mismo. Todo sucede como debería. Todo sucede como debe ser.

Cuando la mente abandona su sentido del yo y de volición hay el más profundo sentido de completa paz y realización. Es la Beatitud de la que hablaban los antiguos maestros. Todo temor desaparece.

Ahora estamos mirando desde nuestra verdadera Fuente (como siempre hemos estado, pero sin darnos cuenta), el Absoluto intemporal e ilimitado. Lo inmanifestado. Esto es lo que todos somos. Esta es la fuente última de luz de nuestra conciencia. Estamos percibiendo lo manifestado desde su fuente, lo inmanifestado y se desarrolla espacial y temporalmente porque ES eterno.


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